Nacida el 19 de febrero de 1953 en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, actualmente es senadora por ese distrito, el más poblado del país, primera dama y candidata a presidente de Argentina por el oficialista Frente para la Victoria.
La candidata presidencial es una mujer de extensa trayectoria política, particularmente como legisladora. De ella se valora su carrera política “propia”, al margen de su marido, Néstor Kirchner, su preparación y conocimiento de la labor legislativa, mientras que sus detractores sostienen que peca de soberbia.
PROPUESTAS DE CANDIDATO
Cristina Fernández anunció un programa de gobierno durante el lanzamiento de su candidatura presidencial basado en 'la consolidación del estado democrático y de sus instituciones', el refuerzo de un 'modelo económico productivo de acumulación con inclusión social' y la “reconstrucción de la autoestima” argentina. La candidata del Frente para la Victoria (FPV) aboga por la profundización del “Estado Constitucional” en Argentina. En ese sentido, considera que debe continuar el trabajo realizado por el actual gobierno para reforzar la figura del presidente de la Nación, “quien ahora toma las decisiones según sus convicciones”. También opina que los legisladores argentinos deben seguir votando según los principios de su fuerza partidaria, sin condicionamientos o negociaciones.
La candidata presidencial valora la labor realizada por varias instituciones durante el gobierno del actual presidente, Néstor Kirchner. Al respecto, elogia la decisión de la Corte Suprema de Justicia de decretar la nulidad de los indultos que en los años noventa sacaron de prisión a los jefes militares implicados en la represión ilegal de la última dictadura (1976-1983). Según Fernández, es necesario poner en vigencia y “para siempre”, el texto de la Constitución argentina. Ello evitaría situaciones como que legisladores hayan reconocido “públicamente que votaban leyes por pedido del Fondo (Monetario Internacional)”.
Para la candidata presidencial, el Poder Ejecutivo debe reforzar su labor como el “brazo de gobernación y administración del Estado”. En tanto, los miembros del Poder Legislativo también deberán abocarse al debate, “despersonalizando la discusión”, y sin caer en los agravios.
La candidata presidencial oficialista también aboga por el desarrollo de un “modelo de acumulación y de inclusión social”, que según explica es la “contracara del modelo de transferencia de recursos y riquezas que operó durante el periodo neoliberal de los años 90”. Considera que el modelo que defiende tiene un claro perfil industrialista, aunque con “matriz de acumulación diversificada”. Para Cristina Fernández, el Estado debe abordar además la planificación en materia de “infraestructura logística y social en educación”. De esa forma, en el 2010, anunció que de ganar las elecciones, un 6 por ciento del Producto Bruto Interno (PIB) será destinado a la Educación con el fin, entre otros objetivos, de lograr una mayor innovación tecnológica.
La primera dama también propone un “diálogo social” en Argentina, que abarque a empresarios, trabajadores y el Estado. Este último tiene que garantizar condiciones macroeconómicas de “no endeudamiento, superávit fiscal primario, superávit comercial, un tipo de cambio competitivo y reservas suficientes para evitar eventuales cimbronazos financieros”.
Para la primera dama argentina, esas condiciones macroeconómicas no pueden partir solamente de un gobierno o de un presidente de turno, sino que de alguna forma tienen que ser institucionalizadas. La idea es que empresarios y trabajadores puedan acordar, junto al Estado, cuáles van a ser las metas a mediano y largo plazo y el “modelo” de producción. Según señala, ese acuerdo institucionalizado va a garantizar que Argentina siga en una misma dirección y evite lo que ella define como “cimbronazos de un lado al otro” que el país sufrió tuvo durante décadas
Cristina Fernández dice además apostar por una Argentina “diferente”, sin represión de las fuerzas de seguridad, “donde nunca más un Presidente se tenga que ir o tenga que adelantar las elecciones”. En ese sentido, aboga por la “canalización democrática de la conflictividad social", en la línea en que según opina, se ha movido su marido Néstor Kirchner desde que asumió el poder en 2003. Por último, la candidata presidencial aboga por la “construcción cultural”, para que los argentinos recobren la autoestima. Debe implicar la reconstrucción de una cultura del esfuerzo y del trabajo.
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